En la Medellín de 1980, al nuevo gerente de una empresa le dicen: hay reglas básicas: con la plata de la nómina no se hacen negocios y la factura se paga siempre el día que se vence. ¿Entendió mijito? Y así montó un emporio. Esta es la tercera parte de la historia de Contegral.
Para 1978, la empresa que fundaron los hermanos Juan Manuel y Bernardo Mesa en un local en la plaza de Guayaquil, ya tenía planta y laboratorio en Envigado, pero necesitaba expandirse.
Como los márgenes de ganancia son pequeños en el negocio de concentrados, es mejor tener empresas satélites.
Así que buscaron comprar plantas en otras partes del país y por cercanía y posibilidad, le compraron a un empresario risaraldense, al que le había representado más que un reto la planta de Cartago.
Contegral empezaba su expansión nacional.
Los Mesa decidieron dedicarse más a sus familias. Así que necesitaban a alguien por fuera de la familia que administrara la empresa. Eso sí, ellos seguían en la Junta Directiva cuidando su legado y dando línea.
El elegido fue Fabio Andrés Saldarriaga, al que le dieron 3 reglas.
- El día que se vence la factura se paga.
- La plata de la nómina es bendita o maldita, pero no se hacen negocios con ella.
- Las empresas deshonestas dan mucha plata, pero terminan mal. Las honestas dan poco, pero para nosotros es suficiente.
¿le quedó claro, mijito?
Así, Fabio Andrés llevó a Contegral a comprar fábricas en Bogotá y Neiva, a invertir en Friko, Finca, e incluso a mejorar la genética de los cerdos en Colombia. Siempre cumpliendo las reglas de los pioneros.
Nada mal, para una empresa fundada por dos hermanos que no terminaron la primaria, y que atendían en un local de Guayaquil con dos taburetes y una mesa.
