Diatriba contra Calle 13

Ganador de cinco Grammys Latinos, dos Grammys internacionales, antorchas de oro en Viña del Mar, premios MTV y otros y numerosos galardones, Calle 13, agrupación musical boricua, parece generar adeptos en todo el mundo por sus “polémicas y controversiales” letras, por la actitud desafiante de su vocalista René o Residente, como se hace llamar, y el respaldo a las luchas (algunas) de los pueblos latinoamericanos.Residente fue definido por el periódico The New York Times como: el primer intelectual que llega al estrellato del género reggaetón; reciben la venia de numerosos mandatarios, insultan a Uribe y a Michelleti, hacen conciertos gratuitos.

La popularidad del grupo sube como espuma y, aunque pueda parecer incorrecto, me molesta. Y me molesta porque todo lo anterior es falso, es una máscara, es una estrategia de mercadotecnia.No pocos medios de comunicación y personas han dicho que Calle 13 es una fase distinta del reggaetón; de ese reggaetón agresivo contra las mujeres, de letras vacías y ambiguas y de música inaudible. Y no lo es. Las influencias de Calle 13 son precisamente esas: Tego Calderón y Julio Voltio. Sus primeras canciones, por las que se hicieron famosos, Se vale TO –TO, Atrévete, te, te y Chulin culin chunfly, son una oda al mal gusto y a lo que, Daniel Samper Pizano llamaba: el imperio de la ordinariez.

Son canciones propias de ese reggaetón que, según la extraña lógica de los medios, no representa.Si Daddy Yankee quiere manosear una mujer en lírica, es un horror, pero si Calle 13 describe el NIES, es un poeta.Veamos, pues, la “poesía contestataria” de sus letras: Me gusta cómo me guaya tu papaya/ Si tu vas pa’ allá, uva /Guaya que ella va con guayaba/ Pa’ allá va, a quitarte el diablo ‘e encima/ Sea la maya, se te ve la raya, la partidura/ La que divide la blancura de tu nalgura… (Chulin culin chunflai)

En esa diarrea verbal que son las canciones de Calle 13, de insufrible filosofía sobre la vida, el amor y la política, algunos intelectuales y casi todos los presentadores de música se atreven a dilucidar elementos revolucionarios, contestatarios y rebeldes, lo que, por supuesto, tampoco es cierto. Las opiniones de Calle 13 son frases de cajón, del sabio de panadería Pero Grullo. Generalidades que podrían haber sido, en un tiempo no muy lejano, controversiales.

Calle 13 defiende a la comunidad Indígena en contra de los atropellos de las transnacionales, ¿Quién no?; expresa su preocupación por la situación de los “mojados” mexicanos ¿Quién no?; aboga por la unión latinoamericana ¿Quién no?; se queja de la intromisión de los Estados Unidos en los asuntos de nuestros países ¿Quién no?; entiende que no todas las cosas están sujetas al intercambio comercial ¿Quién no?

Pensamientos políticamente correctos, lo transformaron en el Rey Midas y él, a su vez, se proclama como la voz de pueblo. “Calma Pueblo que aquí estoy yo. Lo que no dice tú lo digo yo, porque yo soy como tú”El mesianismo tampoco es gratuito. Los pueblos latinoamericanos están acostumbrados “al líder”, al redentor que llegue repartiendo ríos de leche y montañas de pan. Al parecer, Calle 13, René y su hermano, visitante, se lo han creído.

Filosofía que adormece a las personas que esperan, en un externo, lo que solo su organización puede hacer: transformar la sociedad.Se ha dicho, también, que Calle 13 respalda las luchas, justas, de los pueblos de Latinoamérica, como la educación gratuita.

En la lógica mercantil de las disqueras, las marchas son miles de potenciales compradores, un público objetivo para la música “alternativa” de Calle 13. No es la primera vez que pasa. Juanes ofreció un concierto gratuito en la frontera entre Venezuela y Colombia y en Cuba por la Paz, en países y lugares donde nunca hubo guerra.

Detrás había, como es obvio, una movida de marketing para abrir mercados.René, con todas sus groserías, insultos a la Iglesia católica y posiciones democráticas, no puede disfrazar que es parte del sistema, en el que no explota si no que ayuda a limpiar. Convirtió, y aquí nace mi molestia, las aspiraciones nobles, justas de un pueblo sufrido como el latinoamericano en una máquina para hacer plata, la usual rebeldía juvenil en objeto de consumo del monopolio de las disqueras, la pobreza, indigna y extrema, en una “cultura popular” que debe ser defendida.

La música de Calle 13, de no ser tan escuchada, sería una inofensiva payasada.

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