Yo tuve un profesor que se creía Kapuscinski

Yo tuve un profesor que se creía Kapuscinski, el gran periodista polaco. Hablaba con propiedad de objetividad, de contrastar las fuentes, de todas las voces en la noticia, cubrir todos los ángulos, como acostumbra a decir un Director de un canal de televisión nacional. Si alguna nota es publicada con una sola voz no tiene sentido, ni equilibrio. Es ridículo, lo sé. ¿Acaso la opinión de un productor nacional o un campesino tiene el mismo peso que la de Rupert Murdoch? Pero bueno, era lo que enseñaba. Y él, adalid de la ecuanimidad, entrevista al Presidente de Colombia Móvil Tigo y Vocero de la multinacional Millicom que quiere fusionarse con Une, juzga a los Concejales por qué desaprovecharon la oportunidad de tener más elementos de juicio frente a la decisión crucial que deben tomar y no los entrevista, ni una opinión aislada. Mi profesor olvidó la primera regla del maestro: el periodismo deber servir a los débiles. Él tomó posición a favor de un poderoso, en contravía de los intereses de la ciudad.

En las clases, mi profesor nos hacía anotar las herramientas y trucos para descifrar las mentiras del entrevistado, ponerlo contra las cuerdas y hacer las preguntas certeras. En la que él hace, las preguntas más insistentes son retórica, pases goles sin portero en el arco para que el Presidente de la multinacional, Esteban Iriarte, anote. ¿Con la fusión se perderán puestos de trabajo? ¿Qué responde a quienes aseguran que Millicom está al borde de la quiebra? ¿Millicom está en venta y Carlos Slim (América Móvil – Claro) es uno de los interesados? ¿Qué esperaba mi profesor, que en un acto de sinceridad Iriarte confesará que Millicom funciona con la mitad de los empleados en el doble de países que UNE? ¿Qué reconociera que sus pasivos y bienes intangibles son mayores a sus ganancias y que éstas, 200 millones de dólares, son una cifra pírrica frente al billón de pesos que necesita el negocio? ¿O qué acusará a la empresa que le paga el sueldo de contertulio en golpes de Estado en Costa Rica y de estar, cuatro veces, en el ojo de Slim?

Además, ninguna de las insistentes preguntas lo es. Las más importantes no se hacen y no se despejan las dudas, contrario al título de la nota. ¿Si sus ganancias son bajas como apalancarán las inversiones de la ciudad, uno de los argumentos de la exposición de motivos para la privatización? ¿Dónde están las preguntas sobre el falso marchitamiento de la telefonía fija frente a la móvil, otro de los argumentos a favor de la fusión? ¿Si Une tiene mayor capacidad en Banda Ancha, LDI, Banda Angosta y conserva el monopolio sobre 4G LTE, qué beneficios nos traerá una empresa cuya sede principal se encuentra en un paraíso fiscal?

Mi profesor omite preguntarlo, tal vez porque no lo sabe. Si lo sabe y no pregunta es grave y si no sabe también. Con la cara gana Millicom y con el sello pierde Medellín. Él, que no le sobra autoestima, olvida otra de las reglas del maestro: en el periodismo la actualización y el estudio son constantes, son la condición sine qua non[1].

No pocas veces oí a mi profesor quejarse de la falta de creatividad en la elección de los contenidos de sus alumnos. Sacarle punta a los temas, decía. ¿Cómo? Con un saca temas, sugerí. Y aunque no le hizo mucha gracia el chiste, hoy, entiendo el punto de mi profesor. Si no se conoce el tema, si el músculo financiero del periódico local pesa sobre su cabeza y la hora de entrega apremia, defiéndase atacando, caiga parado. Acuse a los concejales de negligencia, escriba que el liderazgo de la compañía multinacional se demuestra en los poderosos países de Paraguay, Honduras, Guatemala y en la desarrollada África, diga, aunque no sea cierto, que el debate del Presidente está basado en hechos y ha despejado todas las dudas[2] y, para que no se note la genuflexión, pregunte, entre risas, si ya consiguió casa. Mi profesor olvida la regla más importante del maestro: los cínicos no sirven para este oficio.

Yo tuve un profesor que se creía Kapuscinski. Inflado con la peor de las glorias: la que no se tiene, terminó convertido en un enemigo del patrimonio público de la ciudad y de sus propias ideas. Una lástima. Afortunadamente cancelé la materia.

[1] Ryszard Kapuscinski, Los cínicos no sirven para este oficio.

[2] Millicom Despeja dudas de fusión con Une. http://bit.ly/Z5BIBO

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