En la Medellín de 1954, el gerente de una multinacional en Colombia le dice a una empresa antioqueña: “llegamos nosotros, así que deberían cambiar de negocio”. Y el antioqueño le contestó: ¿Sí? Pues voy a emberracar a trabajar”. Esta es la segunda parte de la historia de Contegral.
A finales de 1954, los hermanos Juan Manuel y Bernando Mesa habían creado Contegral, después de que al concentrado que producían no pudieran llamarlo Integral, porque Integral era el pan, la educación, y otras cosas.
Le pidieron a sus hijos que ayudarán en la empresa y como buenos paisas, trabajaban de 4 de la mañana a 11 de la noche.
Un día, en la tienda de Contegral que quedaba en la Plaza de Guayaquil, se acercó un señor alto, bien vestido y muy perfumado.
- Mi nombre es tal – recuerda que le dijo a uno de los hijos de Bernardo que lo atendió – soy el gerente de una multinacional de alimentos. Y les aconsejo: deberían cambiar de negocio.
Cuando le contaron a don Juan Manuel, contestó:
- ¿Y usted cree en esas bobadas? Hay que emberracar es a trabajar.
Y eso hicieron. Los hijos de don Juan Manuel y Bernardo, además de trabajadores, tecnificaron la empresa: montaron laboratorios, fórmulas propias y un sistema eficiente de producción.
Contegral ya no era, como lo dirían tiempo después, un “negocio parroquial”.
Además, cuando en 1969 el concentrado de Contegral se popularizó y la marca estaba consolidada, la empresa logró superar la crisis de oleaginosas en Colombia; la competencia desleal por el pollo importado de los Estados Unidos y las preferencias del Gobierno en 1987 por otras empresas del sector.
Y aquí viene lo importante de Contegral ¿cómo lograron superar la competencia y las crisis y convertirse en uno de los conglomerado de alimentos más importantes del país?
Con el método antioqueño: con la familia, el estudio, pero especialmente, emberracando a trabajar.
