Ahí tienen su hijueputa casa pintada

Medellín inicia su proceso de desindustrialización después de la apertura económica. El primer cambio en la legislación que favorece la ciudad competitiva, de servicios e internacional es la constitución de 1991. Continua el Conpes 2748 Plan Estratégico exportador y termina en la ley 1253 que regula la productividad y competitividad, solo para mencionar las directrices nacionales. En lo municipal, el Plan de Desarrollo de Sergio Fajardo, hoy Gobernador, es la hoja de ruta que seguirá la ciudad hasta la creación del Programa “Medellín ciudad Clúster”.

¿Y qué es una ciudad de servicios y competitiva? La Alcaldía lo explica: (…) que lo local tenga la capacidad de actuar en un contexto de creciente globalización, creando ventajas de localización por su clima de negocios que garanticen a las empresas alta productividad, permitan atraer o movilizar nuevas inversiones, servicios especializados, mano de obra calificada y turismo. La industria, por ninguna parte.

En el 2004, la industria se reemplaza por Cultura E, los Centros de Estudios Zonales y la mentalidad emprendedora. Al 2010, la relación servicios – industria es de 3 a 1 y de comercio – industria de 5 a 1. La distribución por clúster (empresas agrupadas) arroja un aumento de los sectores de construcción del 27%, Salud 28%, TIC 6.4% y 31% turismo. El único sector que cae es el textil 0,55%, otrora motor de desarrollo antioqueño y el de mayor organización. Se consolida el binomio comercio – servicios y la desindustrialización de la ciudad.

Los cluster se crearon para, dice la Administración, proteger las pequeñas y medianas empresas ante la liberación económica y la apertura de fronteras, lo que, por supuesto, no ha sucedido. En el primer semestre del 2013 se perdieron 30 mil empleos industriales en Medellín, especialmente en las PYMES que constituyen el 98% de las empresas en la ciudad.

Las grandes empresas, muchas de ellas multinacionales, aportan el 94,45% de los activos y de allí se pega Aníbal Gaviria para explicar sus sesgo anti pymes. Son proyectos y empleos chichigüeros, diría el ex Ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverri.

El Banco Mundial ordena, el Gobierno Nacional repite y la Alcaldía Municipal cumple. Es el “modelo Medellín” del Banco Interamericano de Desarrollo: aprovechar las ventajas comparativas del modelo neoclásico para salir de la espiral de violencia y estigmatización internacional. ¿Funcionó? No. Nunca ha funcionado, ni en Latinoamérica ni Europa, ni en Asia.

Si Medellín no es competitiva en línea blanda, importamos los electrodomésticos de Corea del Sur, que ya tienen el 70% del mercado. ¿HACEB y Universal? Se quiebran. Si no somos competitivos en producción de calzado y textiles, los importamos de China o Panamá. ¿Las 6547 micro empresas de textil y Enka? Se quiebran. El Estado colombiano, con la ayuda de la administración municipal, debería generar entornos amigables con la industria: eliminar el aumento del predial, en algunos casos  del 100 por ciento, reducir las venenosas tarifas de servicios públicos, promover alianzas entre empresarios y académicos para transferir tecnología e impedir las importaciones y el contrabando. Sin estas prerrogativas, hasta el más “innovador” es ineficiente.

Perdimos la sede de los Juegos Olímpicos de la Juventud por la inseguridad y la violencia. Si quieres parar una amenaza, dale un empleo gritaba un policía en la gran serie The Wire. Y la generación de empleo formal y trabajo decente solo es posible con producción e industria, no con importaciones, comercio y servicios.

La aplicación del neoliberalismo en la ciudad desplaza personas, quiebra empresas, niega derechos y somete al atraso a toda la población. Como los desahuciados de la Estrategia del Caracol, los indignados de Medellín gritarán al eslogan del Hogar para la vida: ahí tienen su hijueputa casa pintada. Ellos dinamitaron la casa, nosotros hundiremos el modelo.

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