Con la gente, con sus causas

El teléfono de la oficina de campaña en Antioquia de Jorge Robledo al Senado en el 2010, sonaba sin parar. Era la cuarta vez que llamaban. La secretaría había salido por refrigerio en la hora del almuerzo, pero en campaña no se respetan horarios. Ninguno de los que estábamos en la oficina pretendimos contestar. Nos enfocábamos en presupuestos, publicidad y brigadas. Solo Jorge Gómez salió a terminar con el ruido. No era para él, seguramente

  • Aló – contestó – no señor, nada. ¿500? ¿qué? – esperó un rato a que hablará la persona – vea, si queremos cambiar el país no podemos hacerlo de la misma forma que quienes lo gobiernan – vuelve y espera – hasta luego.

Volvió a la oficina. No dijo nada. Se sentó en una de las sillas donadas por una empresa amiga y continuo. Todos esperamos. Desde la parte posterior, uno de los compañeros le pregunta:

  • ¿Quién era?
  • Un bobo ahí. Vendiendo el voto y prometiendo 500. Cuando le dije que no los comprábamos y que el país se cambia de otra manera se asustó – dijo e imitó la cara que supuestamente habría puesto el hombre que llamó.

Un novato en estas cosas, esperaría, después de la historia, una cantaleta sobre la honestidad política, una perorata sobre las consecuencias que trae para el país actuar de manera indecente y después, cuando fuera la cima de la moral pública, una diatriba contra la coalición de ladrones que maneja Colombia. Pero no. No dijo nada más. Se río y siguió trabajando. Algunas personas no necesitaban adular las cualidades de sus acciones. Solo con hacerlas, como dice Woody Allen, ya están dichas.

Sus asistentes se quejan, en broma, porque no recibe degustaciones de la FLA ni cuotas burocráticas, ni mermelada, ni guiños y mucho menos invitaciones a café en oficinas privadas como se lo sugirió el ex Gerente de la Fábrica de Licores, después de un debate de control político. El camino de la independencia y la oposición está lleno de espinas y los políticos decentes las aceptan.

En la Asamblea sabían y en el Congreso lo saben, y lo demuestra en cada intervención, que su voz levantará un polvorín. El ex Gerente del IDEA, Álvaro Vásquez, lo llamo Cocodrilo Comunista, a lo que contestó: “no me molesta que me llame comunista, pero si cocodrillo, la actitud de anfibio jamás la he tenido en mi vida política. Pero déjeme completarle la metáfora señor Gerente. La historia la contó un perro, pero tan mentiroso, que si hubiera sido verdad se lo come el cocodrillo”

Durante la entrada de Colombia a la OCDE, a pesar del voto positivo de Petro, alzó su voz contra la entrega del país a los banqueros del mundo.

Sus debates de control político son, guardando las proporciones, tan esperados como los del senador y ahora candidato presidencial, Jorge Robledo. Serios, documentados y manteniendo como bandera las ideas de la nueva democracia que abrazó hace décadas. Denunció el despilfarro en la Fábrica de Licores en la administración de Luis Alfredo Ramos, el excesivo gasto en publicidad del Gobernador frente a la cicatería con los bomberos, la U de A y el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, el cierre de hospitales públicos, la política pro transnacionales que afecta a los pequeños y medianos mineros del gobierno nacional y la desindustrialización de Medellín y el país. Sus denuncias destituyeron a un ex Contralor corrupto y denunció, como nadie más en el Congreso, las trampas de la administración Quintero frente a EPM e Hidroituango.  

Además, Jorge Gómez respalda toda movilización ciudadana en busca de reclamar sus derechos: el paro cafetero y del magisterio, contra el injusto aumento del impuesto predial, de los hospitales públicos contra el modelo de salud, entre muchos otros.

En un país donde los cargos de elección popular están ocupados por lambones del gobernante de turno, ignorantes y negociantes de la esperanza popular, Jorge Gómez demostró que la inteligencia y el trabajo con denuedo se deben poner al servicio del desarrollo de la región y del país. Los que hemos votado por él en anteriores oportunidades sentimos honrados nuestra confianza, tenemos una voz en la Cámara y la tendremos en el Senado que nos representa y que hace lo que una persona decente y valiente deba hacer: luchar.

Por esto y mucho más, merece el respaldo en su aspiración, que es la nuestra. Al Senado, Coalición Centro Esperanza – 15.

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