NOÉ: La cúspide de la estupidez

Hollywood no es precisamente la cuna del cine inteligente, pero algunas películas, como Noé, son la cúspide de la estupidez, de la ofensa al espectador. No es solo una mala película, es un absurdo, cargado de errores, básicos, de historia. No hace falta ser un cinéfilo o experto en la Biblia para darse cuenta que Darren Aronofsky, director, también, del Cisne Negro, El luchador y la aclamada Réquiem por un sueño, se burla de los asistentes al cine, de quién paga una entrada y se tortura, no cabe otra palabra, viendo 2 horas de este bodrio.

Como efecto visual está muy bien elaborado, incluso las actuaciones de Russell Crowe y Emma Watson son superlativas. No es la producción lo negativo; es lo más básico: el guión y la historia.

El drama es muy conocido. Un hombre recibe el mensaje de Dios para construir una Arca y salvar su familia y dos animales de cada especie porque un diluvio universal acabará con la impía y el pecado de los hombres. Lo del “arca” es extraño, pero cada quién con su religión. En la película, sin embargo, no sé si por la traducción, un “hombre” habla de nave. Y eso es otra cosa. La nave implica ciencia y estamos, con Noé, en los inicios de la humanidad. Él es el padre de todos dice la tradición occidental, si Dios mató a los hombres, pues sus hijos serán nuestros primos. Pero bueno, un error de traducción es de cualquier película y no es muy importante.

A los cinco minutos, Noé y sus hijos recorren el campo. Un perro con escamas (¿?) corre herido. Los “hombres”, extraña definición de quiénes, como lo dice su líder, no creen en milagros, se quieren comer al perro y Noé lo defiende con karate: patadas a las rodillas, jabs a la cara y el Ménage à trois termina en la demostración, ridícula, de combate de Hollywood con el ex Gladiador.

Para dormir a sus hijos, especialmente a una muchacha (Emma Watson) que recoge herida, Noé canta, melodía incluida, una canción de cuna. ¡Una canción de cuna en una época en la que no existía la música! Pitágoras se revuelca en su tumba. A estas alturas, la película ya empieza a irritar, pero sigue. Los guardianes de la tierra, gárgolas gigantes que otrora fueron hadas de luz defensoras del Edén son aliados de Noé para construir el arca e impedir que los “hombres” la asalten. El director dice que se basó en la cita del capítulo sexto del génesis según la cual: “En ese entonces había gigantes sobre la tierra” Y bueno, el Génesis dará para mucho pero hombres – hadas que explotan y hablan es un recurso del Hollywood deprimente: una combinación del Señor de los Anillos y Transformers.

Y no para. Los “hombres” atacan con escudos medievales, trabucos que disparan fuego como revólver, máscaras de acero y marchan como un ejército. Insisto, en épocas dónde no existía ni escudos, ni trabucos, ni máscaras y mucho menos Estados ni ejército. Noé utiliza el fuego para quemar el barco de su hijo pero es vegetariano y los malos, que no creen en milagros, lo utilizan para matar pero comen carne cruda.  Matusalén, interpretado por el cada vez más triste Anthony Hopkins, cura enfermedades, hace milagros, da a beber pociones mágicas y vive como un asceta en una montaña, porque claro, también es vegetariano. 

Para darle un “toque humano” a Noé, como lo hizo Cris Nolah con Batman, Aronofsky lo debate entre la muerte de sus nietos y el amor por la humanidad, entre la obediencia a Dios y el cariño por sus hijos, la luz con la oscuridad. Trató. Pero Aronofsky no es Nolah y el toque humano es el de María la del Barrio, interpretada por Jennifer Connelly. Diálogos sosos sobre la piedad y la creación divina, sobre el papel de una madre y la necesidad de repoblar la tierra. Al final, Noé prepara vino y se emborracha con uvas encontradas en la nueva isla, esperando el perdón de su familia.

Errores históricos, pretensiones de épica hollywoodense y un enorme presupuesto, hacen de Noé una película insufrible, inefable. Es difícil pensar que no se están burlando del espectador. No vale la pena perder el tiempo, ni la plata, ni la inteligencia sentado en la sala de cine. Puntaje: 3 de 10.

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