Roma soy yo (Santiago Posteguillo)

Historia de Cayo Julio César, hijo de Aurelia, descendente de dioses, destinado a la grandeza. La historia empieza con su enamoramiento de Cornelia y la historia de la batalla de Aquae Sextaie que su tío, Cayo Mario, un héroe de guerra, le cuenta a él y a su gran amigo Labenio.  

Pasa por el desaire de César a Sila, dictador y enemigo acérrimo de su tío, su desahucio de Roma, la malaria de los pantanos, la batalla de Mitelene donde se hace héroe y llega hasta el juicio contra el senador corrupto Dolabela. 

En el juicio César pierde. Es obvio, el jurado, el juez y los testigos están comprados. Pero aunque la ley le falla, el pueblo valora que un joven de los populares enfrente con arrojo y valentía a los optimates. Algo así como pobres contra ricos. 

El juicio y toda la historia es una demostración de talento, inteligencia y sagacidad de Cayo Julio César.  Un personaje realmente inspirador. 

El libro es excelente, de rápida lectura y combina, como lo hace Ken Follet, los datos biográficos e históricos con una trama tan bien contada como cierta. Posteguillo será de los autores que compraré en futuras idas a la librería. 

Datos importantes de la época romana:

  1. La compra de jueces era habitual en Roma cuando el acusado era un Senador poderoso y rico. Y más desde que, con la reforma judicial de Sila, los tribunales que encausaban a senadores también los formaban senadores. (Algo así como la Cámara de acusaciones de Colombia)   
  2. Los macedonios, como todos los que no eran romanos, necesitaban de un ciudadano romano para llevar un juicio. Alguien que los representara. 
  3. Cuando las cosas iban mal, los romanos enterraban vivos a los esclavos a modo de sacrificio. Igual con las mujeres que no cumplían con sus sagrados votos de castidad. 
  4. Con la piel de las cabras hacían unas correas que llamaban februas. Con las februas se fustigaba a las mujeres para “darles” fertilidad. Lo hacían en el segundo mes del año. A los látigos se llamaba, también, febreros. 
  5. Los romanos eran supersticiosos. Dividían los días en dies fasti (para celebrar bodas) y dies nefasti (donde no se podían celebrar). 
  6. Thalassio era la palabra para ahuyentar amantes de la novia. 
  7. Había dos tipos de sacerdotes flamines: maiores consagrados a Júpiter Marte y Quirino y los minores consagrados a dioses menores como: Vulcano, Volturno, Flora y Ceres. Una de las palabras más utilizadas era: ¡Por júpiter! 
  8. La cereza viene de un árbol que llevó Lúculo, héroe de Mitilene, a Roma. El árbol era de Cerasus, un lugar.

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